De mi mente a la pantalla

miércoles, 28 de marzo de 2012

Verónica Lavín Vacas
1º BH
Disertación para clase de Filosofía y Ciudadanía

>>OJOS QUE NO VEN, CEREBRO QUE NO SIENTE<<

¿Es la realidad algo verdadero e indudable de lo que nos podamos fiar, o se trata más bien de una ilusión producida por nuestra mente, nuestros sentidos y una serie de esquemas lógicos impuestos por nosotros mismos?
El ser humano es incapaz de conocer con absoluta totalidad el mundo tal y como es, sino como él mismo lo percibe, y cada persona lo hace de manera diferente.
Para responder a este problema, antes tenemos que contestar a la siguiente pregunta: ¿cómo se construye nuestra percepción de la realidad?
El ser humano es un animal visual, es decir, que se vale del sentido de la vista para percibir la realidad. Aunque esto no es del todo cierto. Realmente el que ve es el cerebro, que se vale de los órganos, tejidos y nervios visuales para recibir la información que él  mismo procesa (escoge, ordena, coloca, reproduce...).
Fue a partir de Descartes, uno de los racionalistas más relevantes del siglo XVII, cuando esta teoría se abrió al mundo. Este filósofo y matemático francés difundió las ideas del “pensamiento cartesiano”, que consiste en la desconfianza extrema en los sentidos, anteponiendo la razón a las propias experiencias, sensaciones y emociones (“cogito, ergo sum”. Podemos dudar de todo, excepto de que estamos dudando)(duda metódica). ¿Se trata ésta de una teoría cierta? Antes de afirmar o negar ninguna hipótesis, pongamos un par de ejemplos.
Existen ciertos estados en los que somos capaces de percibir el mundo de otra manera, de percibir otras realidades distintas a la que estamos acostumbrados a ver, y que nos parecen absurdas e incoherentes dado que no estamos acostumbrados a percibirlas de esa manera. Hablo, por ejemplo, de la percepción que provocan ciertos tipos de drogas psicotrópicas, como el LSD o los hongos psilocibios. Por lo general, son drogas consumidas por jóvenes inconscientes en estado de embriaguez, pero tomados en su justa medida y en las condiciones adecuadas, estos alucinógenos son capaces de proporcionar a la persona que los consume un estado mental totalmente distinto, una visión nueva del mundo, ua visión "despierta" del mundo.
¿Y qué me decís de los sueños? Son el ejemplo más común de percepción paralela. ¿Podemos llegar a pensar que una rana pueda volar, o que existan todo tipo de seres supraterrenales, o que las cosas tengan otro significado del que solemos darle? No, ¿verdad? Pero, en cambio, en los sueños todo eso es posible. Nuestra mente es capaz de generar todo tipo de mundos distintos mientras soñamos que en ese momento vemos como algo normal. Desde cosas del mundo tal y como lo conocemos pero que vemos imposibles, hasta mundos fantásticos con seres mitológicos y donde nada te es conocido.
Otro estado mental que aborda este tema y que, he de añadir, me parece de lo más interesante y peculiar, es la sinestesia. Esta cualidad sensorial que posee una mínima parte de la población mundial (un 10% aproximadamente) hace posible que las personas que la posean sean capaces de producir una respuesta automática en uno de sus sentidos a partir de la estimulación de otro de ellos, es decir, que pueden oír colores, degustar texturas determinadas o ver los sonidos.
Pero no solo alucinógenos, sueños o anomalías sensoriales son capaces de hacernos ver el mundo de otra manera. Ciertos experimentos, probados en espacios controlados en grupos de personas estables, deportistas y sanas, han demostrado que la falta de sueño durante un largo período de tiempo (insomnio) puede alterar de manera radical la visión del mundo, provocando en los sujetos comportamientos y reacciones inusuales que ellos, en su estado mental, ven como normales.
Podemos hablar también de física cuántica. Dentro de este amplio campo de la física existe un hombre, Heisenberg, quien recibió el premio Nobel de la ciencia por su teoría, el “principio de incertidumbre” (no es posible conocer a la vez la posición y la trayectoria de una partícula ). A partir de esta teoría surgieron un montón de experimentos, pero hay uno que me llama especialmente la atención. Se trata del experimento conocido comúnmente como “el gato de Schrödinger”, y que consiste en lo siguiente (antes de leerlo, he de decir que este es un resumen del experimento hecho por mí, así que trataré de explicarlo de una manera técnica):
Un fotón choca con un detector que activa una cápsula que contiene veneno y mata a un gato que se haya dentro de una caja, o bien no choca y por lo tanto el gato vive. Como según la teoría cuántica es posible, en teoría podría darse el caso de que el gato estuviera en una especie de "limbo cuántico" en el que estuviera literalmente medio vivo o medio muerto (la superposición,es decir, que las partículas estén en dos sitios al mismo tiempo, porque el universo cuántico no es determinista), lo cual según la física clásica no sería posible (el fotón choca o no choca con el detector que activa el arma o el veneno, pero no puede haber un término medio: el gato vive o muere, pero no las dos a la vez, o ninguna de las dos, o la mitad). Lo interesante en este punto es que la teoría es buena (según la física cuántica, que no se ha probado que sea incorrecta), pero no puede corresponderse con la práctica. ¿Qué posibles implicaciones tiene esto? Bueno, para empezar, puede que el experimento sea simplemente una tontería que no vale para nada. Pero desde el punto de vista ontológico, es decir, de lo que la realidad sea, esto se pone interesante si consideramos la perspectiva del observador. Una de las versiones de la física cuántica es la llamada "many worlds view". Esta teoría expone que existen muchos “mundos”, lo cual parece ir en contra del sentido común, pero no es incompatible con la teoría.
Penrose explica: “many worlds view” describe la "realidad", pero todos los resultados de un experimento coexisten, cada uno de ellos acompañado por un estado mental [Penrose subraya significativamente estas dos palabras] diferente del observador”. ¿Qué quiere decir esto? Pues que existe la posibilidad (palabra esta clave en toda la teoría cuántica) de que se haya producido una escisión, una ruptura de los mundos o las realidades, de las cuales sólo una nos resulta accesible como observadores que somos. Esto implica una limitación impuesta por nosotros mismos, pero no una imposibilidad del mundo físico. Desde este punto de vista, la existencia de más de una realidad (de más de un mundo, por lo tanto) resulta, según explica Penrose, concebible aunque triste, porque sabemos muy poco de nuestros estados mentales (y nuestros estados mentales determinan literalmente lo que vemos: gato vivo o gato muerto, en este caso).
En contraposicion a la física cuántica está la física determinista (el mundo es inteligible, es decir, que su estructura y sus leyes pueden ser captadas por el intelecto humano, a pesar de ser limitado). Este movimiento asegura que, si se conocen las condiciones del mundo que nos rodea, así como la situación de los objetos que forman parte de ella, entonces, podríamos abarcar en una sola fórmula matemática desde los movimientos de los cuerpos más pesados y voluminosos del universo hasta los del átomo más ligero y casi imperceptible. Aunque, como era de esperar, esta teoría determinista es imposible en la práctica. Incluso hoy en día, con todos los medios y avances científicos de los que disponemos, nos es imposible resolver de manera numérica semejante cantidad de ecuaciones diferenciales relacionadas entre sí. De hecho, a raíz de la física determinista, ha surgido otro tipo de física, la mecánica estadística, que se encarga de estudiar el comportamiento de estas fórmulas matemáticas.
Bueno, después de esto, parece que se acerca el momento de la respuesta. ¿Hipótesis cierta o incierta? Realmente eso no se puede saber con exactitud o de manera contundente. Se han expuesto varios ejemplos fundamentales que se contraponen entre sí, dos tipos de conocimientos pertenecientes a la misma rama científica: la física cuántica y la física determinista. Ambas son fundamentales para dar contundencia y acreditación a la tesis expuesta. Cada uno tenemos nuestra propia concepción de la realidad. Hay gente que tiene una idea algo ingénua del mundo (realismo ingénuo ---> nuestra mente, la razón, es un espejo que refleja el mundo tal y como es). En cambio, otra gente cree que nuestro conocimiento del mundo está limitado y que sólo podemos conocerlo por medio de la experiencia sensible. Creen en la imposibilidad de conocer totalmente que el resto de personas perciban la realidad del mismo modo que uno mismo (solispsismo).
Dicho esto, dejo una pregunta en el aire: ¿vivimos realmente en un espacio en el que sólo hay un mundo (el único que somos capaces de percibir), o en un espacio que comprende un número infinito de realidades de la cuales sólo somos capaces de comprender una?
Que cada uno piense su respuesta, ya que cada uno tendrá una distinta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario